Asensio no es como Benzema

A Marco Asensio, Isco Alarcón le gusta demasiado. Le encanta su fútbol, quizá lo vea como un espejo personal y en cierto modo imita algunos de sus comportamientos. Y aunque eso está muy bien y en determinadas fases de los encuentros deriva en un espectáculo visual de puro lujo, por norma, cuando coincide en el campo con el propio Isco, resulta un obstáculo para el equilibrio del Real Madrid.
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Muchas de las veces en que los dos mayores talentos nacionales nacidos en los 90 comparten escenario vestidos de blanco, Marco Asensio forma parte de la doble punta con un miembro de la BBC. Considerando que con Cristiano Ronaldo disponible su titularidad no está en duda, con el portugués. Y por consiguiente, las tareas que se le atribuyen están ligadas a la continuidad del fútbol blanco pero a partir de la profundidad. Profundidad en el sentido que él mismo quiera propinarle. Gareth Bale la consigue abriéndose al costado y ganando línea de fondo; mientras que Karim Benzema -con quien mejor funciona el sistema-, la alcanza recibiendo entre líneas a espalda de los mediocentros rivales. La clave reside en ofrecer un vértice superior -el más alto- para la posesión de Kroos,

Modric e Isco. También en asistir a Cristiano Ronaldo de una forma u otra, pero sobre todo, es cuestión de poder recibir un pase arriba, pausar para atraer y luego devolverlo a la medular para ponerla de cara -con el consiguiente doble giro del bloque defensivo contrario-.
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No se trata de una casualidad que los partidos de Marco Asensio, salvo destacadas excepciones como la del Madrid 2-Valencia 2, sean descendentes. O sea, empieza pletórico y acaba más diluido. En parte, se debe a que sus comienzos se caracterizan por una movilidad especial que, como se apuntó, recuerda a la de Isco. Y al Real, al menos en cuanto a aspecto, le sienta bien porque Asensio comparte con Kroos, Modric e Isco el rasgo que permite a los blancos construir el sistema invisible: no pierde el balón a menos que quiera. Y esa mezcla inteligente -porque además saben cómo moverse- anexionada a la celestial calidad técnica que les define dota al equipo de un control sobre el encuentro que no escapa al ojo del espectador.
Pero a partir de un equilibrio muy forzado que depende de una ligereza de ideas y una precisión técnica fuera de lo común. En síntesis, de una inspiración y una energía muy difíciles de mantener durante 90 minutos. Al no haber vértice superior para la posesión, el adversario puede asumir riesgos baratos en sus presiones o achiques que van minando la fluidez de los de Zidane hasta arribar al punto de espesarlos.

Por suerte para el francés, lo de Marco Asensio es una cuestión de chip. No tiene ninguna tara en su repertorio que le imposibilite esperar arriba y emerger a espaldas de la línea de presión en vez de, como hace, bajar a recibir y doblar tareas con Isco. Y comprender esta vicisitud es lo primero que debe hacer el joven mallorquín para experimentar un nuevo salto de nivel.