Un Análisis Táctico del Barcelona

Los proyectos deportivos de Johan Cruyff, Louis Van Gaal, Frank Rijkaard y Pep Guardiola en el Camp Nou se cimentaron sobre un modelo de juego muy táctico (el juego de posición) en el que 10 de sus 11 futbolistas tenían predefinidos todos los movimientos que podían y debían trazar sobre el campo. Esa sensación de que “se jugaba de memoria” no hacía más que responder al estricto hecho de que, en efecto, se jugaba de memoria. El Barça estaba dibujado en una pizarra; se podía hacer un story-board de su fútbol porque consistía justo en eso: once hombres dotadísimos al servicio de una secuencia pre-programada.
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El único coste, que los cracks que requerían libertad de acción en el campo, aquellos que necesitaban aparecer donde quisieran cuando quisiesen o que, simplemente, no pudiesen convivir con la obligación de estarse quieto en algún sitio sin poder acercarse a la pelota, no eran aptos para el FC Barcelona. Cruyff, Rijkaard y Guardiola, en un acto de flexibilidad y talento que por ejemplo Van Gaal no supo imitar, lograron compaginar estas reglas con dar libertad a una pieza (sólo una: Laudrup/Romario, Ronaldinho y Messi), siempre pendientes de que el resto de compañeros cumpliera a rajatabla el guion. Pero de repente, el Barça de Messi fichó a Neymar. Y un año después, a Luis Suárez. Ahí giró la historia.
Luis Enrique recibió una plantilla cuyos hombres más determinantes, los miembros de la luego famosa MSN, manejaban rutinas discordantes con la cultura táctica del Barcelona: los tres necesitaban libertad total de movimientos para poder alcanzar el pico de su potencial; en los casos del “10” y el “11” por su hambre de balón -quieren bajar a recogerlo- y en el del “9”, porque en su impacto sobre los espacios radica gran parte de la esencia de su calidad. Así pues, Luis Enrique estaba forzado a elegir entre dos alternativas que no eran ni completamente malas ni completamente buenas: o mantenía el juego de posición a costa de no explotar el talento de Neymar y Suárez, o explotaba a Neymar y Suárez a costa de alejarse de lo que había sido el Barça que se había destacado como referente. Optó por lo segundo.
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A raíz de aquello, el Barça se convirtió en un equipo como casi todos los demás con una particularidad: era mejor. Los delanteros a los que se había entregado eran insuperables, la sabiduría de Alves e Iniesta se las apañaba para compensar el juego ofensivo y la determinación de Piqué en el área defensiva le dotaba de una protección especial. Uniendo eso al carisma ganador de piezas bañadas en títulos como Busquets o Mascherano y al conocimiento del juego anterior al que se acudía para diseñar recursos como el pase de Messi desde la derecha a la ruptura de Jordi Alba en la izquierda que ayudaban a equilibrar el sistema -que hubiese una acción recurrente e imparable ordenaba mucho las cosas-, el proyecto de la MSN, administrado por Luis Enrique, compitió como cualquiera de los más potentes de la vida del FC Barcelona.