La tecnología en el futbol

Imagínense un partido de fútbol con un árbitro infalible. Sería un alivio para la familia arbitral, pero acabaríamos con la polémica y con la salsa del fútbol. O imagínense el balón con un microchip incorporado, que emite una señal al traspasar la línea de la portería. La tecnología en el deporte rey está muy bien, pero la rivalidad y los cafés de los lunes ya no serían lo mismo.
Los aficionados llevamos años quejándonos de que el fútbol es reticente a la incorporación de nuevas tecnologías. Protestando por los goles fantasma que han perjudicado a nuestro equipo. Reclamando que los árbitros puedan detener el juego y consultar un vídeo, como ya ocurre en otros deportes. Sin embargo, desde hace algunos años, los avances tecnológicos se dirigen casi siempre a mejorar la preparación física de los jugadores – cámaras hiperbáricas que permiten incrementar el oxígeno en sangre del futbolista -, a conseguir el máximo rendimiento del equipo y a innovar en las retransmisiones televisivas. Casi nunca van destinados a corregir errores humanos y “arbitrariedades” que se producen durante la disputa de los partidos.
Tal y como se deriva de un estudio de Telefónica I+D, existen claras similitudes entre el “tiki taka” del FC Barcelona en la etapa de Guardiola y el funcionamiento y desarrollo en internet de la compartición entre ordenadores, la llamada peer to peer o P2P. Es un ejemplo de estructuras dinámicas, aplicadas al fútbol, pero que no afectan, por el momento, a la estructura del reglamento deportivo, donde impera todavía el inmovilismo.
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La tecnología está muy bien, pero el fútbol es pasión. Sentimiento. Y tiene sus propios códigos no escritos. Sólo así se explica que las autoridades deportivas sean tan reticentes y precavidas a la hora de experimentar con sistemas de información eficaces, que – sin modificar el reglamento – puedan evitar errores e injusticias. El deporte rey conserva las mismas reglas de sus inicios, con algunas incorporaciones tecnológicas sometidas, previamente, a consulta.
En estos momentos, por ejemplo, se debate sobre la conveniencia de introducir en el rectángulo de juego balones inteligentes, que llevan implantado un microchip de 1,5 cm. a prueba de golpes. ¿Con qué fin? Pues con el fin de que este diminuto dispositivo transmita señales de radio, que servirán para conocer la situación de la pelota en tiempo real. El árbitro, a través de una señal luminosa en su reloj, sabrá si la circunferencia total del esférico ha traspasado la línea de meta.
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De haberse inventado antes este dispositivo, nos habríamos evitado muchos disgustos: por ejemplo, el gol anulado a Michel, en partido contra la selección de Brasil, en el Mundial de México 86, o el gol fantasma de Frank Lampard a Alemania en el Mundial de Sudáfrica, que ganamos los españoles. Hay otros muchos errores sonados, como la mano de Maradona contra los ingleses, más conocida como “mano de Dios”, o el famoso gol de Hurts que debió de ser anulado a la selección de Inglaterra en la final del Mundial de 1966 contra Alemania.